En el Día Internacional de la Enfermera, que se celebra el 12 de mayo, la organización colegial reclama empoderar a la profesión, columna vertebral del sistema sanitario, para afrontar la creciente demanda de cuidados derivada del envejecimiento de la población.
Las enfermeras constituyen la profesión sanitaria más numerosa de Canarias y son la columna vertebral del sistema de salud. Con cerca de 16.000 efectivos en todo el archipiélago, forman una red de seguridad que cuida y protege a la población a pie de cama, en las consultas y en los domicilios, 24 horas al día, 7 días a la semana, los 365 días del año. Intervienen en los procesos clínicos, cuidan y salvan vidas. Pero necesitan ser más reconocidas y mejor cuidadas por los poderes públicos para poder avanzar en el pleno ejercicio de sus competencias, funciones y tareas profesionales.
En el Día Internacional de la Enfermera, que se celebra cada 12 de mayo, el Colegio de Enfermería de Las Palmas (CELP) recuerda que esta profesión es clave para afrontar los retos inminentes a los que se enfrentan los servicios de salud. En una sociedad cada vez más envejecida, con mayor presencia de enfermedades y patologías crónicas, el cuidado y la prevención, tareas propias de la enfermería, resultan cada vez más esenciales. Por eso, la organización colegial pide que sus reivindicaciones no sean tratadas como demandas sectoriales sino como medidas imprescindibles para garantizar la sostenibilidad del sistema de salud.
Según los datos aportados por el Consejo General de Enfermería (CGE), España presenta un déficit estructural de 100.000 enfermeras: frente al ratio medio europeo de 8,19 enfermeras por cada mil habitantes, España cuenta con apenas 6,36 enfermeras por cada mil habitantes. A esto hay que añadir las más de 50.000 jubilaciones esperadas para la próxima década, que supondrán el 18,6% de la plantilla actual, y las más de mil enfermeras que emigran cada año a países con mejores condiciones para el ejercicio de la profesión. En 2024 el CGE emitió 1.134 certificados de habilitación para poder ejercer en el extranjero. Con estos datos, se calcula que España tardará más de 30 años en alcanzar el número óptimo de enfermeras marcado por la media europea.
El déficit crónico de enfermeras se acentúa por las difíciles condiciones de trabajo que tienen que soportar en nuestro país: sobrecarga de pacientes, precariedad laboral ante el abuso de contratos temporales por parte de las administraciones públicas, bloqueo institucional del desarrollo profesional, encorsetado en una categoría inferior a la acreditada por su titulación, y aumento de las agresiones sufridas en el ejercicio de sus funciones, entre otros factores. Solo en 2024 se registraron en España 2.525 agresiones a enfermeras.
El resultado de toda esta combinación de factores negativos es que, según los datos del CGE, un 67% de los profesionales de enfermería de nuestro país sufre ansiedad y un 33% depresión. El 39,4% de las enfermeras manifiesta su intención de abandonar la profesión en los próximos diez años. La pérdida de talento enfermero se está haciendo cada vez más notoria y evidente.
Frente a ello, la organización colegial de Enfermería considera urgente aumentar el número de enfermeras en nuestro país a través de una estrategia urgente de inversión en la profesión, una apuesta que debería venir acompañada de acciones que cambien la tendencia actual y reilusionen a los profesionales, como
· un marco estratégico de cuidados, o lo que es lo mismo, un nuevo modelo de atención integral al paciente centrado en la persona, que potencie el liderazgo de la enfermera como gestora de cuidados, transformando el modelo asistencial ya obsoleto en otro basado en el liderazgo enfermero, centrado en la prevención y la atención a la cronicidad.
· un nuevo Estatuto Marco de las profesiones sanitarias basado estrictamente en los niveles académicos, que reclasifique a las enfermeras al grupo A1 o nivel 6, que es el que se corresponde con la titulación de grado universitario, nivel 7 para quienes tengan título de especialidad o máster y nivel 8 para quienes dispongan del doctorado, acabando así con la injusta brecha salarial y competencial que impera en la actualidad.
· un pleno desarrollo de las especialidades, aumentando las plazas de formación especializada (EIR), reteniendo el talento y diseñando plantillas orgánicas realistas con suficientes plazas de especialistas que permitan atender a los pacientes con mayor calidad asistencial posible.
· una apuesta por los perfiles enfermeros para la asunción de responsabilidades de gestión, en especial para la creación de una Dirección General de Cuidados que reenfoque las prioridades del sistema de salud.
· una reforma de la Ley del Medicamento para instaurar la plena capacidad prescriptora de las enfermeras, lo que reduciría los tiempos de espera del paciente y aumentaría la agilidad y eficiencia del sistema.
· un cambio en el actual sistema de contratación de enfermeras eventuales, acabando con la intestabilidad y suprimiendo las listas punitivas que castigan a quien no está al cien por cien pendiente del teléfono.
En el actual contexto de cambio social, con una ciudadanía que cada día requiere de más cuidados de salud, empoderar a las enfermeras no solo es lo justo en términos profesionales, sino que además es lo más adecuado para el interés general. La evidencia económica es concluyente: la intervención más rentable para evitar el colapso organizativo del sistema sanitario es invertir en enfermería, en prevención y en cuidados. Las enfermeras empoderadas ayudan a reducir la mortalidad, atienden la cronicidad, retrasan o evitan ingresos y reingresos y disminuyen la burocratización del sistema. Pero para que ese poder transformador sea pleno, las enfermeras no pueden actuar con una mano atada a la espalda. Necesitan ser más cuidadas y mejor tratadas por los poderes públicos.





















