Santa Lucía de Tirajana: pionera en Canarias en prescribir ejercicio como prevención de salud

En 1995, cuando en España apenas se hablaba del ejercicio físico como herramienta terapéutica, el municipio de Santa Lucía de Tirajana marcó un hito al convertirse en el primero en prescribir actividad física desde su Centro de Salud, dentro de un programa coordinado entre el Ayuntamiento de Santa Lucía, el Centro de Salud de Vecindario y la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (FCAFD) de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).


Reflexión de Guillermo Suárez Lamí*

Este proyecto pionero fue impulsado por un equipo comprometido con la salud comunitaria: el doctor Tomás González Méndez, la enfermera María Viera Estupiñán, ambos pertenecientes al Centro de Salud de Vecindario, el decano de la FCAFD de la ULPGC Fernando Amador Ramírez y Director de un Programa de Doctorado y el entonces licenciado en Educación Física Guillermo Suárez Lamí, quien impartió las sesiones prácticas que por otra parte correspondía, por aquel entonces, a su proyecto de tesis doctoral.

Bajo la premisa de estudiar y cuantificar la influencia de la práctica regular de actividades física en los cuadros de enfermedades crónicas en personas adultas mayores, la iniciativa se dirigió a una muestra de 150 personas mayores de 65 años, todas con vida sedentaria y patologías crónicas frecuentes como hipertensión, diabetes, artrosis, sobrepeso y colesterol elevado. Durante cinco años consecutivos, este grupo participó en un programa de ejercicio físico adaptado y supervisado, que fue acompañado de una evaluación rigurosa y continuada.

Además de pruebas físicas de capacidad funcional, se realizaron analíticas semestrales para controlar la evolución de parámetros como la tensión arterial, glucosa y colesterol. A estas evaluaciones se sumaron otras herramientas de gran valor diagnóstico. Por ejemplo, se aplicó el test de Ansiedad y Depresión de Goldberg, un cuestionario sencillo y eficaz que permitió detectar la presencia de síntomas emocionales en las personas mayores, muchas veces no verbalizados. También se utilizó el test de Romberg, una prueba neurológica que evalúa el equilibrio y la coordinación corporal mediante la observación del control postural con ojos abiertos y cerrados. Finalmente, se empleó el test de Ruffier-Dickson, que consistía en realizar 30 sentadillas en 45 segundos y medir la frecuencia cardíaca antes, durante y después del ejercicio. Esta prueba permitió evaluar de forma práctica la capacidad de recuperación cardiovascular de los participantes.

Los resultados no dejaron lugar a dudas: se registraron mejoras significativas en todas las variables analizadas, demostrando que el ejercicio físico, bien prescrito y conducido, puede ser una herramienta terapéutica real para mejorar la salud física y emocional de las personas mayores.

A la luz de esta experiencia y de muchas otras que han seguido el mismo camino, hoy resulta innecesario seguir planteando programas piloto para comprobar lo que ya está más que demostrado: la colaboración entre el personal sanitario (desde la Atención Primaria) y los ayuntamientos o cabildos (a través de técnicos en actividad física y salud) es un modelo eficaz, seguro y transformador y que lleva a confirmar la importancia de la estrecha transversalidad interdisciplinar, en este caso, de la Medicina y las Ciencias de la Actividad Física y el Deporte.

Lo que se necesita ahora es voluntad política y recursos para extender este modelo a toda la ciudadanía y por ende, a todos los centros de salud.

En línea con lo anterior, el modelo de coordinación con el Centro de Salud de Doctoral ya ha demostrado su eficacia en otros contextos. Iniciativas como «Escuelas de Salud en Movimiento» y «URBAN Mueve», desarrolladas entre 2013 y 2015 con el objetivo de prevenir la obesidad infantil, obtuvieron resultados muy positivos gracias a la misma sinergia entre salud y ejercicio físico, un binomio preeminente en las políticas activas de prevención de la salud. Hoy, este enfoque no solo se consolida con programas para mayores, sino que busca extenderse también a personas adultas y población infanto-juvenil, convencida de que la promoción de la salud debe abordarse desde todas las etapas de la vida.

Este modelo, concebido hace ya tres décadas, anticipó las actuales recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que hoy defiende la prescripción de ejercicio físico desde las Zonas Básicas de Salud como un pilar de la medicina preventiva.

El programa de Santa Lucía de Tirajana no solo fue pionero en su concepción, sino también en su impacto. Demostró que la cooperación entre sanidad pública, universidad y administración local puede transformar realidades y mejorar la calidad de vida de la población. Treinta años después, este legado continúa siendo un referente de innovación y compromiso con la salud comunitaria.

*Guillermo Suárez Lamí es Técnico Municipal del área de Deportes del Ayuntamiento de Santa Lucía de Tirajana y Doctor en Educación Física por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. En la fotografía aparece con Paco Alemán, que fue alumno del Programa de Actividad Física para Mayores del Ayuntamiento.

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